El dinero se pulveriza en Anzoátegui: un kilo de carne equivale a tres salarios mínimos

El dinero se pulveriza en Anzoátegui: un kilo de carne equivale a tres salarios mínimos

 

 

 

El constante aumento de precio en alimentos, como la carne de res, ha provocado que cada vez sean menos las personas que valoren este tipo de proteínas como su primera opción en la mesa.

Javier A. Guaipo // Corresponsalía La Patilla

Haciendo un promedio entre los costos observados en diferentes comercios de la zona norte del estado Anzoátegui, se podría decir que el valor estándar por kilogramo es de Bs 22,00.

Tomando en cuenta que el salario mínimo actual es de Bs 7,00, se necesitarían poco más de tres meses de trabajo para adquirir un producto que es básico en la alimentación del ser humano. Y eso sin meter los gastos que implican acompañantes como vegetales, condimentos, entre otros.

El panorama no es alentador si la persona piensa, por ejemplo, comprar pollo. Dependiendo del lugar elegido, el kilo del ave sale entre Bs 14,00 y Bs 18,00.

Para el presidente de la Federación de Trabajadores del estado Anzoátegui (Fetranzoátegui), Tito Barrero, esto es producto de las malas políticas implementadas por el régimen de Nicolás Maduro.

El dinero se pulveriza en Anzoátegui: un kilo de carne equivale a tres salarios mínimos

 

 

 

 

Es una hambruna creada por ellos para someter a la clase trabajadora. Estos salarios de hambre no le alcanzan a nadie para cubrir ni el pasaje”.

Asimismo, señaló que las más de 30 mil personas que poseen un empleo formal en la entidad han tenido que recurrir al trabajo informal para poder sobrevivir en medio de esta crisis.

De hecho, son muchos los que han preferido adoptar la buhonería como su principal fuente de ingresos, en vista de que les resulta mejor que tener un puesto fijo en alguna nómina.

Un ejemplo es el de María Rodríguez, quien prefirió abandonar sus labores como enfermera en el hospital Dr. Domingo Guzmán Lander, ubicado en el sector Las Garzas de Barcelona.

Era demasiado estrés a cambio de un pago con el que ni siquiera podía comprar comida para un día. Duré meses sin saber lo que era carne o pollo y me mantenía solo con queso, salchicha y huevos”.

Por su parte, el comerciante Israel Belisario aseguró que los aumentos de precio escapan de sus manos, pues se ven en la obligación de hacerlo cuando sus proveedores traen mercancía con nuevo costo. “Nadie en ningún lado trabaja para salir perdiendo“.