Los cinco ataques más engañosos contra la legitimidad de Israel

Los cinco ataques más engañosos contra la legitimidad de Israel

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Esta semana se cumplieron 69 años desde que las Naciones Unidas adoptaran la resolución 181, conocida como el Plan de Partición de Palestina. Con 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones, la comunidad internacional apoyó la creación de dos estados –uno para el pueblo judío y otro para los árabes– en el territorio que en ese momento formaba parte del Mandato Británico. Los judíos aceptaron la decisión y establecieron el Estado de Israel; los árabes se negaron… y el mundo hoy sigue pagando el precio de ese rechazo, reseñó Ajcespanol.

Por Patricio Abramzon





Casi siete décadas después, hay buenas y malas noticias. La buena es que Israel prospera. Los adelantos en ciencia, medicina, tecnología y agricultura son sólo algunos ejemplos de las contribuciones del pequeño Estado Judío al progreso de la humanidad. La mala noticia es que todavía 31 de un total de 195 naciones no reconocen o mantienen relaciones diplomáticas con Israel y –más allá de las excusas– rechazan categóricamente la idea de tener un vecino judío.

Mientras que todos los países implementan políticas con las que uno puede estar de acuerdo o no, hay un solo Estado –Israel– cuyo derecho a existir se ha convertido en blanco permanente de agresión. Pero dicha hostilidad hacia Israel nada tiene que ver con los asentamientos o el bloqueo a las actividades terroristas de Hamás. La cuestión de fondo es el rechazo intransigente a Israel como país. Así las cosas, ésta es la lista de las cinco falacias más repetidas sobre Israel, y las verdades que sus detractores, por más que lo quieran, no pueden negar.

Falacia 5: Israel es un artificio del imperialismo occidental

¿Dirías lo mismo sobre Jordania, Irak, Siria, Líbano, Qatar, Bahréin o Kuwait? Porque todos estos países fueron dibujados en el mapa por Gran Bretaña y Francia luego de la Primera Guerra Mundial.
El Estado de Israel es el resultado de la lucha de 2.000 años del Pueblo Judío por reconstruir un hogar en la tierra de sus antepasados. La histórica adopción por parte de la ONU del Plan de Partición en 1947 no les otorgó sino que les reconoció a los judíos el derecho a establecer un Estado independiente en Palestina.

Desafortunadamente, el reconocimiento no pasó de la tinta en el papel. Poco después de que David Ben Gurión proclamara la Independencia de Israel el 14 de mayo de 1948, cinco ejércitos árabes atacaron, y el joven Estado Judío tuvo que depender de sus propios y escasos recursos para defenderse. En palabras de Jorge García Granados, el representante de Guatemala ante la ONU y uno de los artífices del éxito de la Resolución 181: “La maquinaria internacional falló. Como consecuencia, los judíos se vieron forzados a crear su estado valiéndose de sí mismos, con la autoridad moral conferida por la resolución de partición de las Naciones Unidas, pero sin asistencia alguna frente a una invasión armada”. Israel sobrevivió a los ataques árabes porque ya era una realidad en Medio Oriente.

Falacia 4: Los palestinos son la única población autóctona

Esto nos remonta a más de 3.000 años, al Rey David y el establecimiento de la capital de su reino en Jerusalén, cuando la palabra “Palestina” ni siquiera existía. La Tierra de Israel es el lugar que vio nacer al Pueblo Judío y siempre ha ocupado un lugar central en su vida, cultura y religión.

Muchos imperios han pasado por la Tierra de Israel, pero la presencia judía se ha mantenido de manera ininterrumpida en lugares tales como Jerusalén, Hebrón o Safed. Al momento en que la ONU aprobó la división de Palestina en dos Estados para dos pueblos, los judíos eran mayoría en los territorios que quedaron bajo su control.

“Ambos pueblos están maduros para la independencia”, justificó entonces Enrique Rodríguez Fabregat, representante de Uruguay ante la ONU. “Aquellos de nosotros que estamos votando esta resolución no estamos votando en contra de ninguno de estos dos pueblos, de ninguno de estos dos sectores de la realidad social en Palestina. Estamos votando a favor de ambos, de su progreso, de su desarrollo cívico, del avance dentro de la comunidad de naciones”.

Falacia 3: Los asentamientos israelíes son un obstáculo para la paz

No hay ataque en contra de Israel que no incluya el tema de los asentamientos. Es moneda corriente escuchar a los activistas antiisraelíes denunciar a los asentamientos como la causa de todos los males en Medio Oriente. Más allá de lo que se pueda pensar sobre los poblados israelíes construidos del otro lado de la llamada línea de 1967, una cosa es cierta: “menos asentamientos” no es necesariamente sinónimo de “más paz”. Aquí el por qué: en agosto del 2005 Israel desmanteló todos sus asentamientos ubicados en la Franja de Gaza y el Norte de Cisjordania con la esperanza de que esta medida trajera la tan anhelada paz con los palestinos. Sin embargo, los votantes palestinos entendieron esta movida de manera radicalmente distinta: para ellos esto fue un triunfo del terrorismo y al poco tiempo votaron por Hamás para que continuara la lucha armada contra Israel. En vez de apostar por el futuro, Hamás rechazó toda solución de dos Estados y transformó a la Franja de Gaza en un bastión terrorista, lanzando hasta la fecha más de 11.000 cohetes contra civiles israelíes.

Falacia 2: Israel ha impedido la creación de un Estado Palestino

Los palestinos podrían haber establecido un Estado al lado de Israel luego de la votación de la ONU en 1947, pero ése claramente no era el objetivo que perseguían. El liderazgo palestino nunca dejó de soñar con el día en que los ejércitos árabes expulsarían a los judíos del Medio Oriente. Hasta 1967, los territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza fueron ocupados por Jordania y Egipto respectivamente… pero, al parecer, dicha ocupación no causó irritación a los palestinos.

Recién en 1991, luego de concluida la Guerra Fría y la Primera Guerra del Golfo, los palestinos accedieron a negociar con Israel, y así fue como los Acuerdos de Oslo y la Autoridad Nacional Palestina vieron la luz. Desgraciadamente, las fallidas negociaciones de Camp David y Taba en el 2000 evidenciaron que los palestinos no estaban realmente interesados en poner fin al conflicto árabe-israelí. En lugar de aceptar la oferta del ex premier israelí Ehud Barak de establecer un Estado palestino en Cisjordania y la Franja de Gaza con la capital en Jerusalén Oriental, el fallecido Yasser Arafat prefirió romper las negociaciones y lanzar la sangrienta Segunda Intifada, con atentados suicidas en restaurantes y autobuses y el asesinato de más de 730 civiles inocentes.

Falacia 1: Israel es un régimen de Apartheid

Durante el Apartheid de Sudáfrica, la mayoría no blanca carecía de ciudadanía, representación política, libertad de expresión, o los más mínimos derechos civiles. Fundamentalmente, una minoría blanca gobernaba. En contraste, Israel es la única democracia en el Medio Oriente, en donde todos sus ciudadanos –independientemente de su procedencia– tienen el derecho a expresar libremente sus opiniones y llevar la vida que mejor les parezca. El ex legislador Majalli Wahabi, un druso israelí que ejerció la presidencia del Estado de Israel durante un breve lapso en 2007, lo dijo claramente: “Creo que mi nombramiento es el ejemplo y respuesta a todos aquellos que acusan a Israel de ser un régimen de Apartheid. Este hecho muestra que las minorías tienen los mismos derechos y que formamos parte del gobierno y del parlamento”.

La sociedad israelí es un complejo mosaico de grupos étnicos, en el cual 6.119.000 judíos de ascendencia europea, mediooriental y africana (75% de la población) coexisten con cristianos y musulmanes. En Israel hay 1.658.000 ciudadanos árabes (20,7% de la población) y están ampliamente representados en el parlamento, los estamentos gubernamentales, universidades, hospitales y hasta en los seleccionados deportivos.

En suma, la legitimidad de origen de Israel se funda en el derecho internacional, la realidad demográfica, y la vinculación histórica del Pueblo Judío con su tierra ancestral. Sólo falta que sus vecinos acepten estas verdades evidentes para que la paz en el Medio Oriente comience a echar raíces.